Sociedad de la información vs sociedad del conocimiento

Sociedad de la información vs. sociedad del conocimiento

Estimados lectores, a continuación os dejo un excelente artículo para reflexionar, fue publicado por Manuel Guzmán en http://gururonroneos.blogspot.com.es/

Uno de los frentes en los que tiene que lidiar la escuela pública es  el ámbito de la información y la comunicación, dimensiones que cobran una especial importancia en la actual sociedad postmoderna neoliberal .
El sistema de valores sociales y personales en que se sostenía la modernidad se ha tenido que reformular por la aparición de nuevas condiciones sociales, políticas y económicas; la leyes del libre mercado han organizado los intercambios económicos en la actualidad, tanto en los ámbitos de producción como de distribución y consumo, provocando una serie de efectos y cambios en la estructuras sociales (Pérez, 2004, p. 80). La pobreza, los enormes movimientos migratorios provocados por ésta, la violación de los derechos más fundamentales, la exclusión social, la decapitación del estado del bienestar o el modelo de desarrollo económico pone en entredicho las actuales políticas capitalistas neoliberales existentes, y con ellas, los tipos de aprendizaje concebidos para preservar el sistema vigente.

En este contexto, el proyecto de impulsar proyectos educativos sensibles con la dimensión social y humana cobran especialmente importancia en el contexto histórico y sociocultural en que nos hallamos, ya que es una respuesta clara a las situaciones sociales, políticas, comunicativas y culturales establecidas de forma general y común en la mayor parte del mundo, que generan situaciones discriminatorias y de exclusión social.

Sociedad industrial y sociedad de la información

Sin duda alguna, la revolución tecnológica sucedida en las últimas décadas ha alterado los sistemas de producción propios de la sociedad industrial, desarrollando nuevas formas de gestión económica, social y cultural, hasta el punto de constituirse sectores económicos más allá de los tres clásicos, tan estudiados en la etapa educativa de primaria. Esta revolución obtiene el máximo empuje con la aparición de internet, fenómeno que ha calado en todos los ámbitos de la vida, no solamente en los aspectos laborales y económicos sino en lo más cotidiano y personal de las actividades humanas.

Una de las diferencias más relevantes entre estos dos tipos de sociedad es que, mientras  en la industrial lo más importante era la producción de objetos materiales, en la actual sociedad de la información uno de los elementos económicos principales es la información en si misma (Ayuste et al. 2008, p. 14, adaptado). Por otro lado, mientras que en la sociedad industrial un profesional de cualquier ámbito podía especializarse en una tarea y permanecer en un oficio hasta su jubilación, en la actual sociedad las demandas del mercado de trabajo someten las ocupaciones y saberes exigidos a cambios constantes, con lo que, perfectamente, una persona puede cambiar de trabajo innumerables veces. Como resumen, el cuadro 1 expone algunas diferencias entre los dos modelos de sociedades. No obstante, el denominador común entre estos dos modelos de sociedades es el control del capital sobre los procesos de trabajo, manteniéndose como clave en tanto en lo económico como en lo político.

Cuadro 1. Diferencias entre modelos de sociedad

SOCIEDAD INDUSTRIAL SOCIEDAD DE LA INFORMACIÓN
– Recursos materiales

– Producción de objetos materiales

– Nuevos productos

– Elementos del proceso productivo: capital + recursos materiales + trabajo

– Se valora la cantidad y la homogeneidad

– Pleno empleo

– Fuerte reducción del trabajo en el sector agrícola

– Priorización del sector industrial

Sociedad estructurada en tres grupos sociales: alta, medio y bajo

– Recursos intelectuales

– Tratamiento de la información

– Nuevos procesos

– Elementos del proceso productivo: capital + recursos materiales + trabajo +información

– Valoración de la calidad y la diversidad

– Reducción drástica de los puestos de trabajo

– Fuerte reducción de los sectores agrícola e industrial, y en menor proporción, el sector de los servicios

– Aparición del sector de la información

– Sociedad de los dos tercios: 1/3 de la población queda excluida socialmente

Fuente: Ayuste et al. (2008)

Un análisis de la llamada sociedad de la información

Hay que definir de forma consecuente con los fundamentos de la pedagogía crítica el concepto de sociedad de la información, término ampliamente difundido entre los teóricos que escriben sobre el futuro de la sociedad y la educación, aunque sea un término sumamente “inespecífico y engañoso” que de alguna manera “como construcción política e ideológica, se ha desarrollado de la mano de la globalización neoliberal, cuya principal meta ha sido acelerar la instauración de un mercado mundial abierto y autoregulado” (Castells, 2005, p.2).

Esta expresión, aunque de cuño anterior[1], se difunde con fuerza en los años 90, en un contexto de desarrollo de internet i las TIC, acogiéndolo los grandes organismos económicos y políticos: G8, el Foro de la Comunidad Europea, la OCDE, las Naciones Unidas, el Banco Mundial o la ONU. A estas alturas, es de sobra conocida la relaciones políticas de estos organismos con el Fondo Monetario Internacional,  la Organización Mundial del Comercio y el Banco Mundial, “para que los países débiles abandonen las regulaciones nacionales o medidas proteccionistas que desalentarían a los inversores; todo ello con el conocido resultado de la escandalosa brecha entre ricos y pobres en el mundo” (Ibidem, p. 2). El desarrollo tecnológico no es un factor neutro, ni su rumbo es inexorable, puesto que el propio desarrollo tecnológico es orientado por el juego de intereses (Ibidem, p. 4). La industria tecnológica, al estar en el centro del modelo de desarrollo hace que la producción de servicios y contenidos digitales asuma una gran influencia. Ello está estrechamente ligado al interés por reducir la brecha digital por parte de determinadas políticas.

Sobre este interés institucional por reducir la brecha digital,  Delia Crovi (2004) nos dice que ha de existir “políticas públicas claras sobre esta materia, que contesten y

contengan el rápido avance del sector privado, en especial de las grandes corporaciones multinacionales, expresado en innumerables acciones concretas.

Incorporada por los Estados a sus agendas como promesa de desarrollo, la solución al problema de la brecha digital hasta ahora se ha plasmado en propuestas que ponen el acento en resolver carencias de infraestructura tecnológica, sin duda importantes pero parciales, porque colocan en un nivel subalterno la necesidad de dotar a las personas de las capacidades cognitivas para seleccionar, jerarquizar, interpretar y hacer uso de la información con el propósito de mejorar su calidad de vida” (p. 17-18).

Hay mucho de qué hablar sobre los intereses de la  industria

tecnológica y la preocupación por la  reducción de la

“brecha digital”de los organismos internacionales

Los organismos de gran hegemonía política antes mencionados, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, mediante documentos, dinámicas, acciones y acuerdos que orientan sobre los procesos de cambio que el mundo está experimentando condicionan las políticas públicas y las acciones gubernamentales, de forma que en el contexto de la comunicación e información se produce la llamada hipótesis de la agenda setting[2]: los medios no nos dicen qué pensar sino aquello sobre lo cual debemos pensar. En este caso se trata de instituciones financieras internacionales que se transforman en fuentes informativas, colocando en la agenda de los gobiernos globalizados y en los medios de esos países, los temas acerca de los cuales se debe pensar y actuar (ibídem, p. 19, adaptado). A ello hay que añadir la creciente privatización de los medios de comunicación, en un contexto socioeconómico donde lo privado va cobrando más fuerza en detrimento de lo público, que se considera un gasto a atajar. Los medios de comunicación se transforman así en “voceros del propio modelo neoliberal, soliendo ser aliados invaluables frente a las crisis internacionales” (ibídem. p. 20). Estos factores permiten insistir, tal como citaba anteriormente Castells (opus cit. 24-25), sobre la no neutralidad de las nuevas tecnologías; el gobierno neoliberal se apropia de estas TIC par reconvertir su uso hacia la privatización de las diversas actividades sociales que éstas promueven y ponerlas al servicio de sus objetivos. En el nuevo orden social promovido por el liberalismo, el individuo y la familia desplaza a los grupos y clases sociales como centro de atención. El discurso dominante busca lograr un cambio de paradigma social y cultural, para lo cual promueve el uso de las nuevas tecnologías en los ámbitos laboral, educativo, social y personal (Crovi, 2004. p. 28, adaptado), en éste ultimo para la total ocupación interesada de las parcelas del tiempo libre. Por eso, en los esfuerzos de los gobiernos por reducir llamada brecha digital, las propuestas se han reducido únicamente a resolver carencias de infraestructuras tecnológicas, que colocan en un nivel inferior las necesidades de procurar a las personas las capacidades cognitivas necesarias para seleccionar, jerarquizar, interpretar y hacer uso de la información para mejorar la calidad de vida.

En cambio, desde el lado de los medios académicos y de la propia UNESCO, se propone el término sociedad del conocimiento (Castells, 2005), que busca incorporar una visión más integral, no ligado solamente a la dimensión económica. Mientras el concepto “información” sugiere cierta cualidad líquida o volátil en los contenidos, el concepto “conocimiento”  nos acerca a la idea de solidez o firmeza. Visto de esta manera, la información, una vez procesada y filtrada se puede constituir en conocimiento. Esta concepción, pues, pone en un lugar destacado a las personas y se constituye en eje transversal – medio, y no finalidad – de los diferentes ámbitos sociales (educación, trabajo, industria, etc.) para conseguir el pleno desarrollo de éstos.­­

Darwinismo cultural y social

A lo largo de la numerosa literatura de pensamiento y pedagogía crítica, se hace extensa mención del fenómeno de la exclusión social como una de los efectos de la sociedad de la información. Definir qué es la exclusión social es una tarea sumamente difícil. La socióloga Hilary Silver (1994), una de las más destacadas proponentes del término, nos lo describe como una nueva concepción de la pobreza y desventaja social, pero admite que es sumamente difícil definirlo ya que existen muchas dificultades para su delimitación teórica y su medición. A lo largo de las diferentes épocas, el término ha ido variando a la par que el contexto social que lo acoge. Así, actualmente, el término no se puede identificar totalmente con el concepto de pobreza, pues existe población que dispone de bienes materiales y sin embargo están excluidos socialmente de la participación en muchos ámbitos sociales, asociándose ello a una situación de carencia. La Unión Europea, en 2003[3], ofrece la siguiente definición: “Exclusión social es un proceso que relega a algunas personas al margen de la sociedad y les impide participar plenamente debido a su pobreza, a la falta de competencias básicas y oportunidades de aprendizaje permanente, o por motivos de discriminación. Esto las aleja de las oportunidades de empleo, percepción de ingresos y educación, así como de las redes y actividades de las comunidades. Tienen poco acceso a los organismos de poder y decisión y, por ello, se sienten indefensos e incapaces de asumir el control de las decisiones que les afectan en su vida cotidiana” (p.9).

Tratando de delimitar un poco más qué  cuál es el alcance de la exclusión social actual, Ayuste et al. (2008) sostienen que es a partir de la tecnificación del trabajo y la reducción de mano de obra no poseedora del manejo de información requerido, que está formándose una estratificación social bien diferenciada respecto al mercado de trabajo: personas que poseen un trabajo fijo (élite privilegiada), personas con trabajo eventual pero con posibilidades de acceso y permanencia en él y personas que sufren el llamado “paro estructural” o bolsa permanente de población sin trabajo. Ello conduce a la formación de la llamada sociedad de los dos tercios[4], en la que el estrato más inferior padece las graves consecuencias de pertenecer a un tipo de sociedad consumista, en la que todavía  existe la conciencia de que vale más el que más tiene (p. 17). La exclusión social navega, pues, en este tercer estrato, cohabitando con la pobreza extrema, sin poder de participación ni poder de elección, más allá del consumo de los paquetes culturales – o currículos- ofrecidos por el mercado (p.18, los guiones son míos).

El filósofo y lingüista Noam Chomsky, en su libro Manufacturing Consent: The Political Economy of the Mass Media (1988),  nos dibuja de igual manera esta estratificación social:

“Hay un desplazamiento del poder del pueblo trabajador de las distintas partes del mundo hacia una enorme concentración de riqueza y poder. La literatura económica del mundo empresarial y las consultorías a los inversores súper ricos señalan que el sistema mundial se está dividiendo en dos bloques: la plutocracia, un grupo muy importante, con enormes riquezas y el resto, en una sociedad global en la cual el crecimiento – que es en una gran parte destructivo y está muy desperdiciado – beneficia a una minoría de personas extraordinariamente ricas, que dirigen el consumo de tales recursos. Y por otra parte existen los “no ricos”, la enorme mayoría, referida en ocasiones como el “precariado” global, la fuerza laboral que vive de manera precaria, entre la que se incluye mil millones de personas que casi no alcanzan a sobrevivir” (p.9). Es algo observable que en las últimas décadas, el crecimiento económico ha continuado pero de forma desigual para los diferentes sectores sociales; mientras para la gran mayoría de la gente sus rentas han permanecido estancadas o mermadas, la riqueza se ha ido concentrando en manos de un bajísimo porcentaje de la población.

Las políticas neoliberales, pese a sus mensajes

de compromiso con la sociedad, son creadoras

interesadas de darwinismo social y cultural.

Con ello se produce un fenómeno deDarwinismo cultural y social[5]determinado por la posibilidad y capacidad de manejar información y ser crítico con la calidad de la misma. Por esto, los sectores más privilegiados son conscientes del poder que representa tener el control del monopolio de la información y el conocimiento, ya que actualmente, para generar riqueza, la información es la clave.

Finalmente, cabe añadir que el fenómeno de la globalización y la ruptura de fronteras también acentúa el efecto darwinista haciendo que las identidades nacionales se hagan más visibles, con lo que los curriculums etnocéntricos o xenófobos son de fácil aparición (Hargreaves, 2005, p. 12-13, adaptado) y con ellos, las situaciones de discriminación social. Así nos lo describe el sociólogo Octavio Ianni (2004):

“En el globalismo, se intensifica, así, la transculturación. En el contacto, se crean tensiones, conflictos, luchas, mutilaciones culturales, pero también nuevos contextos socioculturales, posibilidades de producción material y espiritual (p. 171). La transculturación genera procesos de diferenciación, reafirmación de identidades, recuperación de tradiciones, de invención de identidades” (p. 116).

Vivir en un mundo globalizado significa impulsar políticas sanitarias, culturales, educativas, de vivienda y empleo, pero también significa impulsar políticas y estrategias para conseguir la cohesión social en un marco de valores democráticos auténticos.

 

[1]  El término lo introdujo Daniel Bell en 1973, en su libro El advenimiento de la sociedad post-industrial.

[2]  Término atribuido a Maxwell McCombs, sociólogo norteamericano especializado en medios de comunicación.

[3] Nos referimos al Informe conjunto sobre la inclusión social, COM (2003), 773, Bruselas: Comisión Europea (2003).

[4] Término muy utilizado en los años 80 por varios autores del campo de las ciencias sociales.

[5]  Lo que Herbert Spencer, filósofo sociólogo e ideólogo burgués contemporáneo de Charles Darwin  soñaba, un Darwinismo social , unas leyes humanas que predicaban la supervivencia del más apto.

Bibliografia consultada

Ayuste, A.; Flecha, R.; López, F.; Lleras, J. (2008). Planteamientos de la pedagogía crítica. Comunidad y transformar. Barcelona: Graó.

Castells, M. (2005). Sociedad de la información, sociedad del conocimiento. Recuperado en : http://www.ub.edu/prometheus21/articulos/obsciberprome/socinfsoccon.pdf. [18/07/2012]

Crovi, D. (Coord.) 2004. Sociedad de la información y el conocimiento. Algunos deslindes imprescindibles. Sociedad de la información y el conocimiento. Entre lo falaz y lo posible.Buenos Aires: La Crujía. Pp. 17 – 56.

Giroux, H. (1990). Los profesores como intelectuales, Barcelona: Paidos.

Ianni, O. (2004). Teorías de la globalización. Madrid: Siglo XXI

Pérez, A. I. (2004). La cultura escolar en la sociedad neoliberal. Madrid: Morata.

Silver, H. (1994). Excusión social y solidaridad social: tres paradigmas. En Revista internacional del trabajo, 113, (5-6), 607-662

Autor: Julia Echeverría Moran

International Independant Consultant. E-Learning, Social Media, Gamifition, NetWork. Soy una profesional senior y me apasiona mi trabajo, sobre todo el campo de la investigación y la docencia. Viajera incansable, practico yoga y doy largos paseos. Cuando estoy en España, vivo en un hermoso pueblo ubicado en un valle, de la Alcarria de Guadalajara, desde aquí trabajo y me comunico con todos vosotros. Todo lo que encontraréis en este blog, son mis reflexiones, investigaciones, propuestas y enlaces de interés sobre la educación y todo lo relacionado con ella. Reciban un cordial saludo. Julia Echeverría

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